Clave para la sostenibilidad del negocio

Los errores que colapsaron a la economía mundial hace dos años, son un recordatorio de que los descuidos financieros se pagan no sólo con el fracaso del negocio sino con potenciales efectos internacionales.

Desde finales del siglo XX y con más fuerza en esta primera década del siglo XXI, la tendencia a analizar el comportamiento de las empresas a partir variables distintas a su resultado estrictamente económico ha sido la nota dominante, responsabilidad social, desarrollo del capital humano y empresarial y sostenibilidad ambiental, son sólo algunas de esas tendencias, hoy en día de aceptación prácticamente global.

No obstante la dimensión extra o intraempresarial que se utilice como medida de éxito, tanto en su accionar cotidiano, como en sus esfuerzos de desarrollo a largo plazo, el potencial de las empresas, grandes, medianas o pequeñas parte, inevitablemente, de su capacidad para producir y sostener resultados financieros suficientes que aparte de justificar su propia existencia, permitan dar contenidos a sus planes estratégicos.

Frecuentemente, se da por sentada esta variable, pero la solidez financiera no solo es el componente clave para cualquier toma de decisión, ya sea que se le tome como un objetivo o como un medio, es el principal indicador de la salud y el éxito de cualquier empresa.

Vivimos una época en la que la globalización como un tema de debate ha quedado atrás, para dar por sentada la vocación de internacionalización, como un asunto natural en toda clase de negocio, sin importar su tamaño y su ámbito de acción. Pero aun con los innumerables recursos que ofrece la tecnología, el acceso a la misma así como al conocimiento como los principales factores de producción modernos, representa un enorme reto financiero, que ya no se observa como ideal, sino como mínimo para competir en un mundo cada vez más veloz e inmaterial.

La mayor retribución al recurso humano, la competitividad, el acceso a mercados, la tecnificación y la comunicación con los amplios mercados internacionales, mediante medios de comunicación masivos cada vez más diversos y especializados, son sólo ejemplos de inversión básica en las empresas de este siglo y, en definitiva, el común denominador a todo esto es la solidez financiera para rebasar las barreras de entrada al mercado y garantizar una participación sostenible.

De tal suerte, los gerentes financieros y tesoreros de las empresas, otrora agentes pasivos con una vocación más bien contable y tributaria, se han convertido en áreas de alta especialización y compleja gerencia, de la que cada vez dependen más las empresas exitosas; al punto de hacer impensable cualquier esfuerzo de planificación o ejecución de proyectos que no considere, en primera instancia las estrategias financieras y los contenidos presupuestarios, así como la ingeniería financiera para la gestión de los recursos, en los distintos horizontes de tiempo y cambiantes escenarios macro y microeconómicos, todos estos elementos básicos de la gestión efectiva de la condición financiera de cualquier negocio.

Mark Sandoval Ulloa
Presidente Ejecutivo, ASM Consultores