Mi querido amigo Féibu

You've been tagged!

Verás: yo soy un hombre de trabajo, amigo Féibu. ¡Amigos! ¡Qué palabra tan grande y abarcadora! Los bemoles de la amistad como quehacer humano y base de las transacciones básicas que matizan nuestras actividades, son infinitamente numerosos. Nadie sabe bien qué es tener un amigo.

Y así, la modernidad nos ha impuesto formas de amistad donde la diplomacia ante una solicitud insospechada toma la forma de un clic para aceptar a un amigo de un amigo de un conocido, (fulano quiere ser tu amigo, has recibido una solicitud de amistad, “you´ve been  tagged”, sin dejar de mencionar el Hi5, un fenómeno pseudodemocrático que parecería ser un sofisticado reducto de efebos y nínfulas, cuando en realidad se trata del tipo de hijos de turistas que venían al Holiday Inn y al Eurotel de Playa Dorada a los todo incluido y no salían de los “resorts” ni muertos; o el MySpace, que sobrevivió gracias a los artistas/músicos fracasados/ músicos en declive que necesitaban vender a diez luego de mal comprar a cinco –”oh My God-oh My God-Yes-Yes-Yesss!”– que, igual que usted y yo, necesitan ganarse el sustento). Esta es más o menos la historia.

Así es como tengo (créanlo o no) más de 750 amigos en Facebook, luego de cancelar mi Hi5 (algo que todo hombre que se encuentre más allá de los 40 años tiene el deber moral de hacer), porque sencillamente no se ve bien que alguien con más de cuarenta años de edad tenga un perfil en un sitio que tiene un programa de televisión con el mismo nombre en Discovery Kids, así fue como eliminé mi perfil de MySpace (no soy buen escritor y mi música es doméstica: toco la mesa, toco los cubiertos… ustedes entienden), no estoy en LinkedIn porque mi profesión termina a las seis de la tarde y tres perfil les en tres redes sociales distintas es un trabajo en sí mismo… ni hablar de adultfriendfinder.com eso es historia aparte.

A los dominicanos les ha sucedido que, caminando hacia la playa y cargando el oro a cuestas, para cambiarlo por espejitos, así como Ignacio caminaba las gradas llevando su muerte en la espalda, de acuerdo con Benavente, remozan sus perfiles, comparten su inventiva, se recrean a sí mismos ante un mundo reducido y que parece entonar, al unísono, la famosa e ingenua canción de Roberto Carlos sobre un retrasado mental que quiere tener un millón de amigos para sencillamente, cantar a garganta partida una canción que a nadie le importa.

En pocas palabras, Señor Féibu, Mr. Hi5, doña LinkedIn, o cualquier red social que exista, no quiero ser amigo suyo. Y como dice Fidel Castro en el pietaje que inicia aquella famosa biografía de Antonio Montana, “No los queremos, no los necesitamos”.

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Darwin E. Medina P. es un jefe muy popular: para muestra un botón, o cinco; las asistentes que han pasado por su mando durante un año así lo atestigüan. Todas han quedado “muy” complacidas con todo lo que han aprendido de él. Envíenos sus opiniones, alguna contribución, o lo que sea, hasta dinero, a homoejecutivus@gmail.com.