Liderazgo femenino y los retos que enfrenta

Desde hace más de un siglo las mujeres hemos desempeñado la función de esposas y madres a la par con el desempeño laboral.

Actualmente, las mujeres ocupamos más del 40% de los puestos de trabajo en el mundo. No obstante, según la OIT, al 2010 el porcentaje de mujeres con posiciones de dirección era sólo de 16.5%. Este número se reduce a menos de 3% cuando se trata de grandes corporaciones. Sólo en EEUU, en donde existe un 39% de mujeres ejecutivas, el 3.5% ocupa posiciones de máxima dirección. A pesar de los avances presentados en la integración de la mujer a los puestos de autoridad, las cifras muestran la gran brecha existente con el hombre; y poner en evidencia el llamado “techo de cristal”, que impide a la mujer el desarrollo de su carrera.
Según estudios el liderazgo femenino es subestimado de tal manera que las mujeres perciben salarios en un 27% por debajo de los hombres, cuando ocupan iguales posiciones. Otros estudios indican que hasta siendo más calificadas y competentes, las mujeres deben esforzarse más que los hombres para ser reconocidas y crecer dentro de una empresa.
En gran medida, las mujeres que ocupamos posiciones de alta dirección tenemos que realizar grandes sacrificios en el orden familiar. Y es que debido al perfil y compromisos asumidos por los altos ejecutivos, se espera de estos que trabajen horas extras y en algunos casos que se ausenten por razones de viaje, por lo que la mujer ejecutiva tiene que planificar su vida profesional en desmedro de su vida familiar.
Este concepto, origina parte de los obstáculos que enfrentamos por el solo hecho de ser mujer; y es que se cree que las mujeres no tenemos la capacidad de asumir grandes responsabilidades laborales por la disponibilidad de tiempo que éstas requieren, lo cual puede ser superado sólo con un balance o distribución equitativa en los roles del hogar entre el hombre y la mujer.
A pesar de esta realidad, muchas organizaciones se han dado cuenta de que las cualidades de la mujer son un activo que promueve la competitividad y de que se requiere un nuevo tipo de liderazgo, que fomente el equilibrio y la equidad.
El liderazgo femenino propicia la humanización en las organizaciones, es más abierto, flexible, democrático, incluyente e innovador. Y es que las mujeres por naturaleza promovemos más las relaciones interpersonales, tenemos mayor capacidad de adaptación, asumimos más riesgos, somos más perseverantes y creativas, tenemos un alto nivel de compromiso, una gran capacidad de negociación, de delegar y trabajar en equipo y un mayor nivel de inteligencia emocional y de liderazgo; factores claves para el éxito en las organizaciones.
Las mujeres debemos estar conscientes de que el mayor valor agregado que ofrecemos a las organizaciones es nuestro estilo de liderazgo femenino. La mujer ha demostrado que se puede abrir camino a través de su trabajo. Carreras universitarias y posiciones que antes eran solo para hombres, ahora están teniendo una participación cada vez mayor de la mujer. Los aportes y el rol jugado por muchas mujeres desde posiciones de dirección, también han abierto las puertas y promovido el modelo del liderazgo femenino en las organizaciones.

Julissa Almonte
Directora AEIH