Ursula Burns La Dama de Xerox

Ursula Burns, Chief Executive Officer que al frente de Xerox Corp ha logrado reconocimientos de todo tanto para la empresa como para su persona.

Esa de allí… No, la de al lado, la negra al lado de la Fotocopiadora.

Sí, y se llama Ursula Burns, y es la “Chief Executive Officer” de Xerox Corp.: la primera mujer de color (o sea, negra) en liderar una corporación Fortune 500, una de las 24 capitanas de empresa más poderosas del mundo, y la primera CEO en sustituir a otra mujer en su puesto… todo eso, para la hija de madre soltera de un caserío de New York.

El comadreo como disertación interpretativa de la historia, a dos bocas con cafecito y galleticas a las tres de la tarde, es el camino hacia la perfecta gestión hermenéutica, el sendero más corto pero más escarpado y peligroso hacia el conocimiento de lo que pasa a nuestro alrededor, un estado de gracia y conciencia absoluta; y ellas dos, las vecinas, comentan en este tenor.
Gladys: Mariana, pero, ¿qué ha sido de la vecina aquella? ¡Qué mujer tan trabajadora, criando esa niña ella solita! ¡Sin ayuda! ¡Señores, los hombres no sirven para nada! Mariana: pero, ¿cuál… tú dices la que era de apellido Burns? ¡Qué ejemplo de mujer! ¡Cuánta valentía! Limpiaba casas, les planchaba las camisas y les limpiaba los consultorios al doctor y al dentista, ese que vivía al final de la calle, para que le atendieran a los niños. Se fajó y subió a esa muchachita y a sus dos hermanos; y esa, la hembrita, ha sido una bendición. La hizo toda una profesional. Ingeniera mecánica, de allá de Colombia University.
Gladys: Columbia University.
Mariana: Tú me entendiste… ¡Ingeniera! Y ahora ella dirige la empresa esa famosa, que hace fotocopiadoras y cosas de esas. ¿Quién lo hubiera dicho? Esa muchachita, ¿eh? ¡Ursula!
Gladys: ¡Ay sí, Ursula! Buena estudiante ella, ¿eh? Una niña aplicada hasta la tasa. ¡Y esas notas en el colegio! Mariana: Tenía que serlo, imagínate, en un país como éste. ¡Tenía que fajarse desde el principio!
Gladys: ¡Y lejos que ha llegado!
La verdadera historia de Ursula Burns comenzó el 20 de septiembre de 1958, en Baruch Houses, un proyecto urbano, o caserío, de New York, en el principio en el seno de una familia de inmigrantes panameños. Educada en el “Cathedral High School”, una escuela privada para niñas en el flanco este de la calle 56, la joven Ursula demostró tener, desde sus años mozos, cierto carisma y ningún tiempo que perder. Al salir de la escuela primaria, se graduó de ingeniería mecánica en el “Polytechnic Institute of New York University”, y en 1980 obtuvo su “master” en ingeniería mecánica de Columbia University, mientras iniciaba sus labores como interna deverano en el cuartel general de Xerox, en Connecticut.

La pequeña Ursula estaba a la altura de las tres sílabas que componen su nombre: no solamente fue una buena estudiante en la  escuela, sino también en la universidad. Sus calificaciones se encontraban entre las mejores en matemáticas y ciencia en general. Así fue como se decidió por la ingeniería. Y así fue como consiguió su primer “gig” como interna del departamento de ingeniería de Xerox. “Resulta que lo que aprendí se tradujo en lo que pude hacer”, me dice Burns, a modo de introducción a nuestra conversación, sobre sus inicios en una profesión que la ha mantenido en Xerox durante 30 de sus 52 años. “A partir de mi entrenamiento en ingeniería mecánica aprendí a tener disciplina, a resolver problemas, descomponer lo complejo hasta tener su más simple expresión, a respetar los procesos de trabajo, a dirigir por hechos, a depender de las contribuciones del equipo para crear un todo nuevo, midiendo, adaptando… en fi n, todos esos atributos fundamentales de los ingenieros exitosos y, creo, de los líderes exitosos también”.
Ursula Burns habla New York (de hecho, fue uno de los tantos temas que trató con uno de sus mentores, alguien que tuvo una influencia decisiva sobre ella, y sobre su futuro, cuando no era más que una novata en Xerox: Wayland Hicks, en aquel momento presidente de las relaciones con los clientes de Xerox; Burns era su asistente ejecutiva, un cargo que ella define como “una especie de tutoría enfocada sobre el desarrollo del talento.
Antes, justo después de terminar su internado, Burns trabajó en planificación, desarrollo de productos, y otras áreas, hasta que, en enero de 1990, ocurrió su encuentro con Hicks. Luego, Burns pasó a ser asistente ejecutiva de Paul Allaire, CEO, en 1991, y así sucesivamente, subiendo en el escalafón, hasta que fue nombrada vicepresidente de fabricación a nivel global, en 1999. Al principio, a Burns no le atraía la idea de ser asistente ejecutiva de nadie en la alta jerarquía. No se daba cuenta de que, como dice Reginald Brown, CEO de Brown Technology Group, “ella tenía material de CEO, y estaba siendo observada como tal, desde hace veinte años”.
Pero el panorama cambia rápidamente, aunque sólo de fotocopiadoras se trate. “Los mercados, o bien el mundo entero, realmente, se están moviendo y cambiando a una velocidad sin precedente”, comenta Burns. “Cuando yo estaba a media carrera, hacíamos planes a diez años. Pensábamos que podíamos planificar el futuro. Ya no es así. Los eventos mundiales… las tecnologías, la demografía… Las necesidades de los clientes; todo va a una velocidad sobrecogedora… y puedes estar seguro de que nos adaptaremos y cambiaremos a una velocidad que nos parece apenas imaginable hoy día”. Eso era ayer. Hoy es otro día. Y mañana también, cuando hoy será ayer, y mañana, otro día.
“Estos son puestos en los que Xerox pone a sus mejores empleados”, dice Brown en un ensayo publicado por Newsweek. “Usualmente se trata de muchachos blancos… así que cuando ves una afro-americana en medio del grupo, sabes que esa persona definitivamente tiene algo que los otros no tienen”.
Cuando tomó posesión del cargo actual, Burns venía de la presidencia de Xerox, donde combinó sus esfuerzos con Anne M. Mulcahy, la primera mujer en ser nombrada “Chief Executive Offi cer” en Xerox, y bajo cualquier estándar, una heroína que salvó al gigante de la tecnología de ofi cina de la bancarrota, con un atrevido plan que, entre intensivos recortes de gastos, recortes de personal, inversiones para muchos inauditas y una reorientación masiva de los objetivos de producción de Xerox, recuperaron el azul en la hoja de balances de la multinacional (con un valor de US$17.6 mil millones).
Al momento en que Burns toma las riendas de Xerox, resulta que, ciertamente, lo peor había pasado, pero la nueva incumbente tiene que reorganizar el estropicio de la guerra pasada. Cuando Ursula Burns (en determinado momento declarada por Forbes como una de las 14 mujeres más poderosas del mundo) fue elegida “Chief Executive Offi cer” por el consejo de directores de Xerox, para sustituir a una Anne Mulcahy que pasaría a ser presidente de ese consejo, Burns sabía a lo que se enfrentaba:
en el corto plazo, una caída de 18% en las ventas en el primer trimestre del año (US$3.6 mil millones, en total, dejándolas en US$49 mil millones, además de unas acciones que se vendían a US$14 en septiembre, y ahora valen menos de US$7).

Una de las primeras movidas de Burns, en ese ajedrez interminable y agotador que constituyen las tecnologías de avanzada para oficinas y negocios, fue reorientar a Xerox desde su esencia misma, y así logró cambiar la percepción (un trabajo en proceso, en realidad) de la marca a nivel mundial. Pero el proceso había empezado antes, cuando Burns, con su (en aquel momento) hablar directo al mejor estilo “Riverside Drive” de Manhattan (que no necesariamente agradaba a muchos en Xerox), había convencido a la plana mayor de que invirtieran en la categoría de copias en colores, para iniciar, de esta forma, un proceso de apertura del procesamiento de documentos en convergencia con las plataformas de tecnología de información utilizadas en la empresa moderna.
En el momento en que Mulcahy toma el mando de Xerox en 2001, la empresa tenía serios problemas, porque sus clientes estaban migrando desde las copiadoras gigantescas que vivían como islas independientes en un entorno de negocios que cambia por segundos, y preferían utilizar impresoras personales en lugar de hacer muchas copias de un mismo documento. Sus rivales, Canon y Hewlett Packard, le habían comido los caramelos. El negocio estaba sufriendo una hemorragia indetenible, y Xerox estaba acabando con su línea de crédito. “Anne Mulcahy es una de las grandes líderes de la Norteamérica corporativa”, me dice Burns. “Mientras yo estaba en el laboratorio, ella estaba en la calle vendiendo productos Xerox. Nosotras venimos de dos orígenes muy distintos, y  yo espero ser una líder tan efectiva como ella en Xerox”.
Quizá por esa razón ambas hicieron el pacto de colaboración. Y así, lo primero que hizo Mulcahy fue deshacerse del negocio de impresoras “desktop” de Xerox, para concentrarse en la hoja de balances de la compañía, mientras Burns, de acuerdo con recuentos de esos momentos, “se dedicaba a llevar la oficina, como teniente de Mulcahy, ocupándose de las operaciones del día a día, sobre todo en cuanto al servicio al cliente, y recortando la fuerza laboral en un 40%, de 94,600 personas a 57,100”. Además, la salida de Xerox del sector manufactura (Flextronics es ahora la fabricante oficial de Xerox en cuanto a las fotocopias, mientras que el “joint-venture” Xerox Fuji se ocupa del mercado asiático).
De esta forma, desde Mulcahy hasta Burns puede que no haya una hoja de balance escrita en azul cielo (ni cerca: las ventas de equipos pequeños de oficina bajaron en un 30% el primer trimestre de 2011), pero Xerox nunca en su historia había tenido un portafolio de productos tan extenso.
Richard Gartner, analista de Citigroup Global Markets, arguye que las fortalezas de Xerox en cuanto a las impresiones en colores y las recientes adquisiciones deberán ayudarla a reconstruir su base financiera, aunque este año las cosas no irán tan bien como muchos dicen (de hecho, Garner predice que Xerox perderá US$14.7 Drupa, Düsseldorf, Alemania:
Ursula Burns, “CEO” de Xerox Corp., y Samuelson Per, presidente y director ejecutivo de Stralfors, firmaron un acuerdo de compra de varios millones de euros para cuatro Xerox 490 Color de sistemas de alimentación continua de impresión, la orden más grande a la fecha para este producto.

mil millones). Algunos analistas, Gartner incluido, esperan que las ventas corporativas de copiadoras, impresoras, y otros “hardwares” caerán hasta 2012. De la misma forma, Fitch Ratings puso las acciones clase B de Xerox bajo un pronóstico negativo después de que entraron los primeros reportes financieros del trimestre del año. En general, como el negocio ha ido levantando, el pronóstico ha cambiado un poco: “Continuarán creciendo, pero lentamente”.
“Xerox no es una empresa que fabrica copiadoras. Estamos más allá de eso. Como resultado de nuestra adquisición de ACS en 2010, Xerox se ha convertido en la empresa líder de procesamiento de negocios y manejo de documentos”, dice Burns, girando la conversación hacia el enfoque actual de Xerox: “Dar soporte a unos clientes que estén interesados en trabajar con eficiencia y racionalidad”. ¿Cómo? “Nosotros manejamos todo lo que tenga que ver con manejo de productos y ‘back office’ en una empresa, dándoles así la infraestructura para mejorar el procesamiento de información”, dice.
Y también, manejan todos los procesos que no están relacionados con el negocio mismo de la empresa, y al hacerlo, permiten que estas empresas se enfoquen sobre lo que más les interesa: hacer negocios. “Nuestras soluciones les ayudan a reducir costos administrativos que la empresa puede relocalizar, en la forma de una mayor partida en sus presupuestos, en inversiones que están relacionadas con sus negocios”.
Burns se muestra optimista con el futuro, tanto de Xerox como sobre el de la economía en general, y optimismo es una quimera necesaria. “Sentimos los efectos, los dolores, de la crisis, pero Xerox ha permanecido en su curso al ofrecer a sus clientes las soluciones que necesitan, y los servicios que les ayuden a mantenerse en sus negocios, no las cosas mundanas, sino las cosas importantes”.
Y así, la afroamericana (como dicen ellos, los políticamente correctos), del caserío de New York, llega a la cima de su mundo, un mundo que para muchos puede parecer incierto, para otros, una ficción de progreso inconmensurable. Para ella, el futuro está lleno de posibilidades: “Estoy orgullosa de lo que hemos logrado”, dice. “Orgullosa, pero no satisfecha. Estoy lista. Confío en que podremos llevar a Xerox al próximo nivel, capitalizando todos los sacrificios y todas las inversiones que hemos hecho para crear un futuro y alimentar nuestra poderosa marca”.

VIDA Y CARRERA DE URSULA BURNS

1958
Nace en New York, la pequeña Ursula, hija de inmigrantes panameños.
1980
Ingresa en el Instituto Politécnico de Nueva York para obtener un bachillerato en ciencias en ingeniería mecánica.
1981
Realiza un master en ingeniería mecánica en la universidad de Columbia. Entra a Xerox como pasante.
1981-1991
Ocupa diversos cargos en la planificación y desarrollo de productos en Xerox.
1991
Es asistente ejecutiva del presidente de Xerox.
1992-2000
Directora de varios departamentos dentro de la empresa.
2000
Nombrada vicepresidente senior de Servicios Corporativos Estratégicos.
2001- 2002
Primera presidente de Operaciones de Grupo Empresarial.
2002-2012
Es nombrada y ejerce su cargo como Chief Executive Officer.

Warren Buffett junto a Ursula Burns, CEO de Xerox Corp., y otras mujeres pertenecientes a la lista Fortune de las Mujeres más poderosas de 2008,acompañándose de algunos líderes del campo de la filantropía, gobierno y academia.

 

 

 

Drupa, Düsseldorf, Alemania: Ursula Burns, “CEO” de Xerox Corp., y Samuelson Per, presidente y director ejecutivo de Stralfors, firmaron un acuerdo de compra de varios millones de euros para cuatro Xerox 490 Color de sistemas de alimentación continua de impresión, la orden más grande a la fecha para este producto.

 

 

Louise M. Padres, Vicepresidente del Consejo de Directores de “A Better Chance” y “Vicepresidente Ejecutiva” y asesor general de American Express, entrega el Premio al Presidente del Año a Ursula Burns.

 

 

 

Ursula Burns, “Chief Executive Officer” de Xerox Corp., junto a su homónimo de ACS, Lynn Blodgett, en una visita a un centro de Kentucky para reunirse con los empleados tras la adquisición de Xerox de ACS, por US$6.4 mil millones.

 

 

 

Rubén Lamarche