Y el elegido es: “Hijo del dueño”

El puesto más moderno de nuestros tiempos no es el “desarrollo de canales de distribución analíticos”, ni el “Chief Operations Officer”, al menos, en nuestra cultura. El más moderno sigue siendo: niño mimado.

Don Fetuccini, presidente y fundador de nuestra empresa se toma un minuto entre dos sesiones del Consejo de Directores de la compañía para la que trabajo, para relajarse, fumarse un purito y tomar unos bocadillos. La jornada será larga. Siento que don Fetuccini opera en modo melancólico-reflexivo en el día de hoy. Se rumora que su retiro de la empresa es inminente. Tengo más de veinticinco años trabajando para él. Es un viejo duro, buen negociante, de una inteligencia aguda. No se le va una. Por supuesto, también es insoportable. ¿De qué otra forma podría ser? Su hijo, el pequeño Gnocchi, quien imagino tomará el mando de la empresa una vez don Fetuccini salga del aire, es mucho peor. El muchacho de verdad cree firmemente que sabe algo. Los estúpidos con iniciativa, apellido y reconocimiento oficial de su mando, por irrisorio que sea, son el peor tipo de capitanes de empresa. Don Fetuccini, en medio del dulce aroma del tabaco envolviéndonos a los dos, me dice: “te voy a hacer un cuento Medina”. “Una vez hace mucho tiempo, a un sujeto lo iban a ascender a “Chief Executive Officer” de una gran corporación”, inició Fetuccini. “El antiguo CEO se iba a retirar, y convocó una reunión informal a algunos importantes ejecutivos de su confianza, y al candidato de cabecera para tomar las riendas del negocio”, continuódiciendo. ¿Y cuáles eran sus méritos para semejante ascenso?, pregunté, sinceramente curioso.
“Espera”, me dijo don Fettucini. “Hay más en el asunto”. Y continuó su narración: el CEO comenzó la reunión con la concurrencia de todos los invitados. “Gracias por atender mi llamado”, les dijo. “Roberto”, dijo, dirigiéndose a su potencial sucesor. “El propósito de esta reunión es el de presentarte como el corredor del carril interior para el puesto de “Chief Executive Officer de nuestra empresa”. Roberto agradeció su presencia a todos los que allí se encontraban. El jefe siguió hablando: “desde tu entrada a nuestra empresa, has dado todo por el todo y has demostrado ser un trabajador de gran tesón y dedicación”.“Trabajaste como mensajero interno.
Luego, fuiste ascendido a contabilidad, y de ahí, a asistente contable. Pasaste por todos los departamentos imaginables. Hiciste cursos, trabajaste a deshoras. Siempre tenías una sonrisa a flor de labios y nunca pusiste reparos en cualquier asignación extra que te pusieran. Nunca te quejaste. Manejaste las presiones propias de nuestro trabajo con mucha disciplina y estoicismo. Has escalado en los escalafones del negocio, y eres un líder en ciernes. Por eso, tenemos el deber de reconocer tu trayectoria con este ascenso; desde este puesto llevarás a nuestra empresa por nuevos rumbos de progreso… de eso estamos seguros”.
Estalló una salva de aplausos. “Ahora”, dijo el presidente, “nos gustaría escuchar al menos una palabra tuya, Roberto”. Evidentemente emocionado, Roberto se puso de pie, y dijo: “Gracias”. Todos aplaudimos nuevamente. Luego, el silencio nos hizo mirar al piso y al techo, alternativamente. El presidente, algo consternado, y un tanto enojado, le preguntó: “¿es eso todo lo que tienes que decir?” Roberto, fuera de si, murmuró algo que todos recordarían por siempre: “Gracias… Papá”. Y ahí fue donde terminó la carrera de un nuevo CEO, justo antes de comenzar.

Darwin E. Medina P. es un jefe muy popular: para muestra un botón, o cinco; las asistentes que han pasado por su mando durante un año así lo atestigüan. Todas han quedado”muy” complacidas con todo lo que han aprendido de él. Envíenos sus opiniones, alguna contribución, o lo que sea, hasta dinero, a homoejecutivus@gmail.com