Me gusta tu empresa

En realidad, lo que hizo Julian Assange es parte de un quehacer que siempre ha matizado las veleidades de la humanidad: la chismografía no es trascendente, pero entretiene. ¡Hasta en la oficina!
Hemos creado una identidad de nuestra empresa para las redes sociales para integrarnos a esta nueva tendencia que está transformando el mundo, y el mundo de los negocios al mismo tiempo. ¿Por qué no? Es divertido aprovechar todas las oportunidades que nos brinda el video a un costo más que razonable.
Como sucede en los gobiernos, nombramos una comisión a cargo de la concepción y el desarrollo del nuevo contenido. Contratamos a una “editora de contenido”, una chica sumamente talentosa que vino a nuestras oficinas ataviada con unos “cargo pants”, zapatillas, una larga trenza, y un reloj con pulsera de silicón en la muñeca.
Moderna… y la chica inmediatamente dio forma concreta a nuestras dispersas ideas con una sarta de términos en inglés, francés, y algo parecido a lo que luego entendimos no era más que el “wiki-spanglish” de su área de trabajo. De alguna forma, la incidencia de las redes sociales y otros instrumentos que permiten a los usuarios ejercer sus derechos a la réplica, al consumo decente y justo y a que se les respete. Esta es la realidad: íbamos, entonces, a volcarnos sobre el mundo “like”, o bien, a cultivar el “I Like” o “me gusta” que matiza la forma en que la gente interactúa con otra gente en sus celulares, con las empresas modernas, y con los productos que consume. Íbamos a entrar en una nueva era para nuestra compañía. Íbamos a gustarle a todo el mundo.
El racional para entender la manera en que las redes sociales y el esfuerzo por comportarnos “amigables” en este sentido tiene mucho que ver con una idea de mercadeo, o concepto filosófico que, de mi parte, me dejó totalmente pasmado la primera vez que lo escuché: la primera gestión publicitaria jamás realizada, con visos a mercadear un producto orgánico, la realizó Eva cuando sonsacó a Adán para que probara la manzana que los llevaría a convertirse en pecadores… y todo el rollo que sigue.
“Boca en boca”, se le llama a dichas gestiones. Y lo bueno del “boca en boca” es que no cuesta nada, los consumidores permanecen bajo la impresión de que ellos tienen el control de sus decisiones de compra, y de esta manera, son ellos quienes recomiendan o no el uso o consumo de un bien o servicio.
Esto ha funcionado a las mil maravillas para muchas grandes empresas de los Estados Unidos: esas que nunca han contado con presupuestos multimillonarios para publicitar sus productos, o las que, teniendo esos presupuestos, deciden ahorrarse unos dolaritos probando esas tecnologías innovadoras y geniales que tanto han dado de que hablar en el mundo… después de todo, tenemos un servidor y muchos muchachones universitarios de esos que saben usar el Internet, ¿o no? El caso es que: con todos los amigos de Facebook, seguidores de Twitter y Buzz, LinkedN, y todas las otras asociaciones informales de gente que quiere ser escuchada, iniciamos la nueva etapa de nuestra empresa. La etapa en la que nuestra empresa era un “I Like”. ¿El resultado? Cien mil “I likes” en tres meses. ¿Incremento de ventas? Cero.

Darwin E. Medina P. es un jefe muy popular: para muestra un botón, o cinco; las asistentes que han pasado por su mando durante un año así lo atestigüan. Todas han quedado “muy” complacidas con todo lo que han aprendido de él. Envíenos sus opiniones, alguna contribución, o lo que sea, hasta dinero, a homoejecutivus@gmail.com