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Comercio mundial tendrá un nuevo elemento que cambiará en pocos años

Revista Mercado24 octubre, 20195min
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El jamón para ti y el empaque para mí

Si hay un sector que utilice el plástico es el retail. Los supermercados empacan todo en fundas plásticas, un elemento imprescindible en sus cajas. El típico cliente de un supermercado es aquel que sale cargando en sus manos varias fundas o empujando un carrito lleno de ellas.

Pero además, muchos de los alimentos que lleva están presentados en empaques plásticos. Carnes, quesos, lácteos, bebidas, frutas, verduras y una amplia cantidad de ítems emplean el plástico como empaque.

El problema para este sector es que inevitablemente tendrá que cambiar ese tipo de empaque o envase, porque el planeta ya está metido en una guerra contra el plástico que por ahora está empezando y sin muchos logros por exhibir, pero que cada día será creciente y, tanto las industrias productoras, como las empresas que lo utilizan tendrán que adaptarse a los cambios que vengan.

Y el camino de esos cambios ya se está recorriendo, porque las investigaciones para la producción de envases comestibles avanzan a grandes pasos. Hay proyectos en marcha en varios países, estudiando los diversos métodos y las materias primas adecuadas para generar envases comestibles.

¿Hablar de este tema suena a futuro lejano? Eso se decía hace diez años de los carros eléctricos. También a futuro utópico sonaba la idea de Uber en el 2009, cuando se creó la empresa y menos de diez años después, es una realidad orbital. Parecía absurda la idea de Airbnb en 2009 y hoy es la gran competencia mundial de la hotelería tradicional.

Varios métodos están en investigación para obtener envases comestibles. Uno de ellos es el de utilizar hongos, algas o leche para convertirlos en empaques especiales para pizza, queso y sopas solubles. 

La Unión Europea también camina en esa dirección, financiando un proyecto para desarrollar bioplásticos, cuya materia prima son proteínas del suero de la leche. 

Y hay más opciones en estudio. Por ejemplo, que también el envase de las bebidas sea comestible y no un desecho que contamine. Es una idea que disminuiría la multimillonaria cantidad de botellas plásticas que recorre los ríos y llena a los mares de basura. Una basura que accidentalmente comen muchos peces y que, irónicamente, después pescan los humanos, en un acto de venganza de la naturaleza del que no nos damos cuenta.

En Europa es seguido con mucha atención el proyecto Ooho, que auspician el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología y la universidad Imperial College London y que lleva a cabo la empresa Skipping Rocks Lab, en el que participan ingenieros franceses y españoles, ya destacado por el prestigioso Instituto Smithsonian.

Por Antonio Trujillo

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