Cómo Spotify maduró como empresa antes de cotizar en bolsa

Screen-Shot-2017-04-07-at-3.36.41-PM.png

Es inconcebible que en 2017 la única empresa de streaming de música que cotiza en bolsa siga siendo Pandora Media Inc., un proveedor de radio por internet que empezó a cotizar en 2011 y cuyas acciones operan por debajo del precio de su oferta pública inicial. Con suerte, Spotify Ltd. rectificará la situación este año, aunque para eso tenga que entrar por la puerta de atrás a la Bolsa. Además, es una puerta de atrás interesante para otros miembros de la industria de la tecnología.

The Wall Street Journal informa que la empresa con sede en Londres está evaluando realizar una cotización directa en vez de una OPI. Este camino suele reservarse para pequeñas empresas que quieren ahorrar dinero destinado a banqueros de inversión y preservar una mayor parte del valor de la empresa para los accionistas que ya tienen.

En vez de vender acciones a grandes inversores la noche anterior a la salida a Bolsa a un precio “inicial”, las compañías que se cotizan directamente en una Bolsa suelen comprar una empresa más pequeña que ya está ahí. Entonces, los dueños de la empresa pueden recibir el precio de mercado completo inmediatamente si quieren vender parte de sus acciones.

Esto suele considerarse arriesgado, porque no se recauda dinero hasta que el mercado entra en la ecuación ni hay banqueros para estabilizar las acciones en los primeros meses de operaciones, que a veces son inestables. Una ventaja —además de no pagarles a los banqueros— es no dejar dinero sobre la mesa, como hacen casi siempre las empresas para darles una ventaja a los primeros inversores cuando las acciones “saltan” al comienzo de las operaciones.

En el caso de Spotify, esta táctica tiene sentido de manera no sólo pragmática, sino también simbólica.

La historia de Spotify es la del típico revolucionario tecnológico: desarrolló una tecnología chévere que le permitió regalar lo que se solía vender, en este caso la música grabada. A fines de 2011, su tercer año completo de operaciones, la empresa contaba con 32,8 millones de usuarios registrados y sólo 2,8 millones de abonados pagos, que aportaban el 80 por ciento de los ingresos de la empresa. El resto del dinero provenía de anuncios impuestos a los que no pagaban. Para evitar el destino de Napster, el servicio de música compartida entre particulares asesinado por los litigios sobre propiedad intelectual, Spotify pagaba grandes comisiones a las discográficas dueñas de los derechos a los catálogos de música, lo que provocaba un flujo de pérdidas aparentemente infinito. Spotify conquistaba las mentes y los corazones de los melómanos sin descubrir cómo monetizar ambos.

Probablemente Spotify aún no sea rentable —todavía no publicó sus finanzas para 2016, pero en 2015 crecieron fuertemente los ingresos brutos y se expandieron las pérdidas—, pero al menos parece haber descubierto qué hacer. Está comprometida con los abonados pagos en vez de aumentar su base de anuncios. Por otro lado, quiere cerrar mejores acuerdos con los sellos discográficos. En ambos aspectos, su acuerdo reciente de licenciamiento con Universal Music Group marca el camino a seguir. Este le permite a la discográfica lanzar música nueva a los abonados pagos sólo durante las primeras dos semanas y hace que las regalías dependan del número de reproducciones: cuanto más alto sea este, más bajo es el porcentaje de ingresos que va al dueño de los derechos.

Universal tiene la mayor proporción de música escuchada por streaming, un 30 por ciento. Ahora, Spotify necesita cerrar acuerdos parecidos con las otras dos grandes, Sony Music y Warner Music, responsables por otro 41 por ciento del mercado. Cuando lo logre, probablemente se alargue el tiempo de espera hasta el lanzamiento gratuito, y las discográficas se mostrarán más dispuestas a compartir ingresos con Spotify porque ellas, y los artistas, estarán seguras de que no están regalando su fortuna y su trabajo. Hoy, Spotify informa que tiene 50 millones de abonados pagos, 10 millones más que en septiembre de 2016, cerca de la mitad de sus usuarios registrados.

Spotify trabajó diligentemente en su modelo de negocios. Pasó de expectativas no realistas para los ingresos con anuncios y el crecimiento del volumen a entender cómo convertir a los usuarios gratuitos en abonados y qué pedirles a los sellos. Cuando Snap realizó su oferta pública inicial con su modelo de negocios basado en anuncios, que no está ni remotamente cerca de cubrir los costos, vendía bombo publicitario. Spotify está vendiendo un producto que maduró atravesando tiempos difíciles.

Hay mucha presión sobre Spotify para que cotice en bolsa este año. Financiar su deuda de US$1.000 millones se encarece si lo pospone, y los inversores de capital accionario incrementarán sus acciones. Es un logro de Spotify que esté buscando la forma más barata de evitar esas trampas y no la más ostentosa.

Todavía está por verse si eso resultará en una tasación alta, superior a los US$8.000 millones en los que tasaron a Spotify en 2015. Tras haber superado un poderoso desafío de Apple Music con su base instalada prácticamente cautiva, Spotify tiene por lo menos 43 por ciento del mercado pago de streaming de música (Apple posee el 21 por ciento).

Si Spotify va por el camino no tradicional y todo sale bien, será un ejemplo para otras empresas de tecnología que siguen llenas de ilusiones sobre sus modelos de negocios. Ceder lo menos posible podrá no sonar romántico, pero suele ser sostenible y motiva a una empresa a ofrecer el mejor producto posible.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados *