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Conocer al cliente es fundamental para combatir el lavado de activos

Lucy Nuñez8 julio, 20196min642
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Todo sujeto obligado tiene la obligación de mantener actualizado el perfil de su cliente, teniendo en cuenta la procedencia del origen y destino de los fondos, el beneficiario final para las personas jurídicas, entre otros.

El perfil del cliente es uno de los controles detectores más importantes que existen, pues permite que las operaciones realizadas puedan ser calificadas como usuales o inusuales y así poner en marcha un proceso de debida diligencia que permita establecer operaciones sospechosas de lavado de activos o financiamiento del terrorismo.

El principal reto para actualizar el perfil es contar con información de calidad. Es bien sabido que los clientes no están dispuestos a entregar informaciones por varias razones, entre ellas el temor a que los datos sean divulgados o utilizados con fines tributarios.

El perfil es cambiante, por lo tanto, hay que actualizar la información al menos una vez año, para asegurarse de que el nivel de ingresos y egresos, así como la información patrimonial, estén acordes con su transaccionalidad. Los cambios de empleos, actividad económica y domicilio pueden modificar el perfil de los clientes y en consecuencia las transacciones que antes eran normales, con los nuevos datos podrían ser ponderadas como inusuales.

Caso Banco HSBC

Un caso de referencia fue lo ocurrido con el Banco HSBC, con operaciones en más de 80 países. Debido a la insuficiencia de sus controles para identificar el beneficiario final, en 2012 fue multada por los Estados Unidos con US$1,900 millones debido al establecimiento de relaciones comerciales con más de 280 empresas mexicanas dentro de la que se encontraba Casa de Cambio Puebla, cuyas operaciones correspondían a Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, con quien transaron más de US$880 millones.

 

 

 

La prevención de lavado de activos es como el Juego de Béisbol

Es por eso, que la prevención del lavado de activos y el financiamiento del terrorismo debe funcionar como un juego de béisbol, en primera base se encuentran las áreas de negocios y aquellas que tienen contacto con el público, garantizando que no se vaya ningún corredor sin antes hacer ‘out’, validando las informaciones, verificando documentos, consultando la internet, el buró de crédito, los registros de comercio y reportando cualquier inusualidad a las áreas de controles.

Como segunda base, están las áreas de prevención de lavado y riesgo, quienes deben coordinar sus jugadas garantizando que no pase ningún ‘rolling’ por las zonas que cubren y en caso de un jugador llegar a primera base hacer lo humanamente posible para garantizar un ‘doble-play’. Eso lo hacen diseñando controles, garantizando que el programa de prevención se cumpla, utilizando herramientas tecnológicas que brinden inteligencia para el adecuado seguimiento de operaciones inusuales y reporte a tiempo de operaciones sospechosas.

Por último, la tercera base, quien garantiza que el corredor no llegue a ‘home’, no pasen un ‘rolling’ por su zona y hacen los ‘outs’ que no se lograron hacer en primera ni segunda base, esto lo logran asumiendo su rol de evaluador independiente de las partes antes mencionadas.

En el Béisbol lo llaman juego, en el sistema formal, los sujetos obligados lo conocen como trabajo en equipo.

Este artículo fue obtenido de la revista Mercado Regular en su edición de mayo 2019, CEO, del grupo editorial Mercado Media Network. Para saber más de estas y otras informaciones suscríbete a través de http://www.revistamercado.do/suscripciones/

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