El objetivo de la OPI de una firma tecnológica cambió

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Como han demostrado ciclos anteriores, incluso si buenas startups técnicamente pueden salir a bolsa en un mercado malo, generalmente no lo hacen, y eso podría significar que se vean obligadas a permanecer en manos privadas varios años más de lo que desean.

Algunas startups grandes están evitando esa trampa al evaluar finalmente una salida a bolsa –Dropbox y Spotify comenzarán pronto a cotizar-, pero muchas otras empresas maduras se han mantenido en manos privadas, como Airbnb. Es una señal de que el propósito de las ofertas públicas iniciales ha cambiado. Hubo un momento en que se consideraba que salir a bolsa era un rito de iniciación, un paso necesario para una startup en su camino hacia la madurez.Cuando Amazon salió a bolsa en 1997, recaudó US$54 millones, lo que le otorgó una valoración de US$438 millones.

Salír a bolsa tenía varios propósitos para las compañías. No solo proporcionaba una inyección de fondos para startups que a menudo aún no eran rentables, sino que también creaba un mecanismo para recaudar más dinero si fuera necesario en el futuro. Proporcionaba transparencia y legitimidad a los inversores y potenciales clientes y socios comerciales de la empresa. Y proporcionaba liquidez a los inversores privados y empleados que habían financiado y construido la empresa, permitiéndoles liquidar sus tenencias y opciones sobre acciones.

Si hay una nueva fuerza en los mercados que ha cambiado a las startups tecnológicas en el ciclo comercial desde la última recesión, es la aparición del “capital de riesgo de última etapa”.
Mientras antes, una vez que las startups alcanzaban cierto tamaño, podían necesitar una cantidad de fondos que solo los mercados públicos podían proporcionar, ahora hay fuentes privadas de capital capaces de poner cientos de millones o miles de millones de dólares en startups para financiar su crecimiento.Estas fuentes privadas de capital están dispuestas a invertir grandes cantidades de dinero en startups más maduras, en parte debido al éxito de algunas de las “compañías punto com 1.0”.
Ha habido una dinámica de “el ganador se lleva todo” con las startups de tecnología e internet, en la que un grupo de empresas se convierten en grandes ganadoras, valoradas en miles de millones o decenas de miles de millones de dólares, y todo el resto fracasa o vale una relativa miseria en términos comparativos, o son adquiridas por las megacompañías.

Si solo un puñado de compañías van a ser los grandes ganadores, ¿por qué los fundadores e inversores de un contendiente querrían salir a bolsa al principio de su ciclo de crecimiento? Eso permitiría a los mercados públicos capturar sus ganancias. Si Uber está destinada a ser una empresa de US$100.000 millones, es mejor que financie su crecimiento en mercados privados y luego lo lleve a los mercados públicos solo cuando esté totalmente valorado.

Una OPI ya no es una forma de mostrar la legitimidad de una empresa y alimentar su desarrollo; es una forma para que los especuladores exitosos puedan vender para obtener la máxima ganancia.Básicamente, la inversión de capital de riesgo de última etapa es una forma de inversión en tendencia.
En los mercados de capital públicos, la inversión en tendencia a menudo toma la forma de empresas con fuerte crecimiento y rendimiento de precios hasta que se produce un quiebre en la tendencia, momento en que se venden las acciones, lo que a menudo resulta en una violenta reversión del precio de las acciones al tiempo que todos los inversores en tendencia venden al mismo tiempo.

Los inversores en tendencia a menudo no se preocupan por las valoraciones; lo único que importa es un fuerte crecimiento y apreciación de los precios.El mejor ejemplo de una empresa que salió a bolsa justo cuando su crecimiento se estaba desacelerando pero antes de que el argumento de la tendencia se desmoronara podría ser Snap. Esta empresa comenzó a cotizar en bolsa el 1 de marzo del año pasado a US$17 por acción.

El crecimiento de Snap disminuyó significativamente en el segundo semestre de 2016 luego del lanzamiento de Instagram Stories, un producto rival.

Eso puede haber proporcionado el estímulo para que Snap saliera a bolsa. Desde que comenzó a cotizar en el mercado de valores, las preocupaciones de crecimiento de Snap han persistido, y su acción actualmente se transa en torno a los US$17.Al momento de escribir esta columna, los inversores privados han capturado toda la creación de valor de Snap, y los mercados públicos quedaron sin nada.Pero en una recesión, es poco probable que esto funcione.

Por definición, los mercados se vuelven nerviosos en las recesiones y prefieren la seguridad del efectivo, los bonos y las acciones líderes antes que la incertidumbre de las startups tecnológicas y las ofertas públicas iniciales. La inversión en tendencia pierde el favor. Los capitalistas de riesgo no tendrán a nadie a quien vender sus acciones, a un precio que estén dispuestos a aceptar.Las empresas de calidad podrían salir a bolsa en un momento de desaceleración, pero generalmente esperan.

En el último ciclo, el Nasdaq tocó fondo en octubre de 2002, pero Google optó por no realizar su OPI hasta agosto de 2004, casi dos años después. Del mismo modo, en este ciclo, LinkedIn fue la primera startup de tecnología de alto perfil que optó por realizar una oferta pública inicial.

La empresa salió a bolsa en mayo de 2011, más de dos años después de que los mercados de valores tocaran fondo en marzo de 2009. Solo los tontos venden activos a precios malos en mercados malos si pueden permitirse esperar hasta que las condiciones y los precios hayan mejorado.

A medida que nos adentramos en este ciclo económico, con una tasa de desempleo cercana al 4 por ciento, presiones inflacionarias en aumento y un lento incremento por parte de la Reserva Federal del ritmo de sus alzas en las tasas de interés, las startups tecnológicas que deciden permanecer sin cotizar en bolsa están jugando con fuego.

Por el momento, el sector tecnológico, tanto el que cotiza en bolsa como el que no lo hace, tiene un gran impulso y sigue siendo el favorito de los inversores. Pero eso cambiará. Y una vez que ocurra, probablemente pasarán años antes de que las startups tecnológicas puedan realmente salir a bolsa, lo que frustrará tanto a sus inversores como a sus empleados.
Conor Sen / Bloomberg.-

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