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Entrevista a Rosa Margarita Bonetti

Revista Mercado18 noviembre, 201910min
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Víctor Hugo, poeta, dramaturgo y novelista francés, pronunció una sonora afirmación que vaticinaba de forma oportuna los designios de la raza humana: “Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha”.

Hoy, 200 años después, escribiendo las palabras que prologan nuestro tema de portada, este eco, transformado en grito sordo, resuena con fuerza, entre un panorama poco o nada alentador que se pincela entre el humo que impregna el pulmón del planeta, un horizonte de plástico que marca el relieve de nuestros océanos y las altas temperaturas que auguran un cambio climático inminente y devastador.

Este es el preámbulo que precede el encuentro con Rosa Margarita Bonetti, o ‘Doña Pirigua’ como se la conoce popularmente; uno de los rostros más consolidados de nuestras listas de 50 Mujeres de Poder y Éxito y ejemplo inspirador e incombustible de un liderazgo con propósito, dedicado durante más de 40 décadas a la protección del medioambiente en República Dominicana, desde la Fundación Propagas, que preside desde hace casi doce años.

Esperamos su llegada, en lo particular, con especial expectación, ante el respeto que suscita la figura de una dama de porte contundente y una huella indeleble en la defensa de una causa que se mantiene perenne, tras cuarenta años de dedicación incólume, que resiste a los embates de una naturaleza amenazada continuamente.

Hoy, para ella es un día como cualquier otro. Un día de batalla. Porque el medioambiente y los desastres a los que le estamos sometiendo no dan tregua. Los efectos del cambio climático se nos pegan a la piel en una jornada particularmente calurosa. Sin embargo, Rosa Margarita Bonetti o, como ella prefiere, Doña Pirigua, arriba con un albo impoluto y un brillo en los ojos que anticipa la empatía que marcaría el transcurso de una apasionada conversación. Su mirada delata el tono que marcaría la sesión. A partir de este punto, bandera blanca.

“sin educación no hay  política ambiental posible. por eso, el foco de la fundación está en educar a los niños: ellos son el futuro”

Acaba de llegar de Boca Chica, donde ha testificado el lanzamiento del primer planeador autónomo submarino del país para recopilar información y mejorar el pronóstico de los huracanes. La intensificación de estos, como averiguo posteriormente, se atribuyen precisamente a las elevadas temperaturas que amenazan la región.

“Todos los días del año recibimos de alguna manera impactos del cambio climático. O bien en forma de una inundación, lluvias torrenciales, o de un cambio drástico de clima… En República Dominicana nunca habíamos tenido una temperatura por encima de los 35 grados, y ahora llega a 38. Este cambio afecta directamente a los océanos. Un dato: para 2040 el nivel de nuestros mares subirá cinco metros, con consecuencias desastrosas para nuestro país”.

Pero no hace falta irse ‘tan lejos’. Sentadas de forma distendida en la mesa del vestíbulo de la Fundación, nos situamos visualmente en los últimos desastres medioambientales que ha sufrido el país. Las toneladas de basura ondeando en las playas dominicanas aparecen en la mente de forma casi automática. Inmediatamente después, la del Arroyo Lebrón, invadido por un mar de plástico, que Doña Pirigua nos muestra en su teléfono móvil. “Este es mi desayuno de todos los días”, afirma compungida. Pero, inmediatamente la fuerza sustituye el duelo. Con un sonoro golpe en la mesa, exclama: “Hace falta mano dura y educación”.

“En la naturaleza no existe el concepto de desperdicio, al igual que en la economía circular. Todo lo que ésta genera es insumo para otro organismo;   base de nuestra filosofía.”.

Fruto de este esfuerzo, uno de los momentos más importantes que ha protagonizado es el reconocimiento Women Together Awards que recibió en la sede de Naciones Unidas en la categoría Premio a la Sostenibilidad, ‘por su inspirador trabajo y ejemplo en la defensa del medioambiente y el desarrollo sostenible’. Detengámonos en esa imagen. ¿Qué sintió en ese momento?

Me sorprendió. Nunca pensé que el trabajo que se ha venido realizando sería motivo de ese reconocimiento internacional. Pero a la vez, parece que lo que estamos haciendo cala en las personas. Eso me motiva todos los días a seguir trabajando, porque creo firmemente que si no nos ocupamos por defender nuestra tierra, dentro de muy pocos años vamos a tener problemas. Ya lo estamos viviendo todos los días, con un calentamiento global fuerte, la acidificación de los océanos… Todo eso puede redundar en graves daños para nuestro país.

Sin duda, ese fue todo un símbolo de su dilatada trayectoria, pero la lista de reconocimientos que encarna es bien extensa. ¿De qué hito se siente más orgullosa?

Me siento muy bien porque lo que era la República Dominicana con relación al medioambiente hace once, doce, e incluso catorce años, a lo que es hoy es radicalmente distinto.

Hace nueve años nosotros trajimos al expresidente Al Gore al país a dar una charla sobre el medioambiente y siempre digo que nuestro país ha experimentado un cambio tan drástico, que podemos hablar de un ‘antes y un después’ tras esta visita.

“por mucho que hablemos y hagamos como sector privado, si no existe voluntad política no conseguiremos nada. es el gobierno quien pone orden y tiene la potestad de mantener y ejecutar una medida de protección ambiental”.

En la conciencia climática. Antes, en República Dominicana no se hablaba de medioambiente, ni de los daños y efectos del cambio climático. Estábamos ajenos a lo que estaba aconteciendo en el mundo. Las temperaturas que suben, los océanos que se contaminan… Nadie hacía caso. Al Gore empezó a crear conciencia y también entramos nosotros con todo el trabajo que hemos venido haciendo en la Fundación, con el propósito de innovar permanentemente.

Con este trabajo podemos decir que República Dominicana ha cambiado mucho en este tiempo. Las empresas hoy son más conscientes y más responsables socialmente. Se ha comenzado a hablar de economía circular, y la sostenibilidad y el ambiente son dos palabras que van muy de la mano.

Antes de la visita del expresidente estadounidense a República Dominicana no se conocían estos conceptos ni se era consciente de los peligros que amenazaban al país en materia de cambio climático.

De esta parte me siento muy orgullosa, porque hemos concientizado a la población dominicana de lo que es el medioambiente y sobre el cuidado de este.

En este esfuerzo, nosotros trabajamos mucho con la educación de los niños, porque entendemos que ellos son el futuro. Ellos son los que nos pueden enseñar a nosotros, los adultos, cómo debemos cuidar el medioambiente. Al fin y al cabo, un niño es un comunicador por excelencia.

Por: Helena Sáenz

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