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Historias de viaje con el interés compuesto

Revista Mercado28 febrero, 20206min
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Albert Einstein lo llamó la fuerza más poderosa del Universo.

Se llama Josué, tiene 34 años y lo cierto es que tenía muchas ganas de conocer Sudáfrica. Leer “A long walk to freedom”y “Conversations with my self” lo motivó a conocer en persona algunos los escenarios donde Nelson Mandela se convirtió en una leyenda de la política mundial.

Por 10 días de paseo por la zona más austral de África, Josué se planteó un presupuesto de 300,000 pesos dominicanos, incluidos hotel, pasajes aéreos con sus múltiples escalas, algunos tours y cenas en un pequeño restaurante de playa que se ganó su estrella Michelin.

Ella es Carla Leticia. Desde pequeña, su papá le enseñó el papel estelar que el Estado de Israel juega en la historia antigua y moderna. Los pasajes bíblicos, la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Yom Kippur eran temas de conversación en su adolescencia. Ahora ella quiere ir a Tel Aviv y a Jerusalén por su cuenta, sin aceptar el dinero de su familia, como un logro personal para celebrar su mayoría de edad (18 años). Por un viaje de 10 días, con todo incluido, ella entiende que lo logra con 120,000 pesos dominicanos.

Josué tiene un buen trabajo como ingeniero en una importante empresa de alimentos, así que, confiado en sus ingresos, toma un préstamo de consumo (por RD$300,000) con un plazo de 18 meses, con un interés de 25 % anual. Después de todo, las fotos de turismo por Instagram no sirven como garantía.

En cambio para Carla las cosas son distintas. Apenas acaba de entrar al MIT, donde espera hacerse economista, así que lo que le queda es ahorrar el 10 % de su salario como empleada a tiempo parcial de la oficina de registro de la prestigiosa universidad, puesto que sus padres también tienen que sostener a su hermano mellizo, quien busca convertirse en ingeniero civil con mención en infraestructura de la Universidad de Beijing.

Mientras Carla se propone un ahorro de 24 meses, Josué arranca para Sudáfrica. El ingeniero de 34 años se siente como un preso en Robben Island, ya que al tiempo que rememora las hazañas psicosociales de Nelson Mandela, se acuerda de que en Santo Domingo le espera una mensualidad 20,157 pesos dominicanos con 54 centavos.

Comiendo Wolfgat, calcula que terminará pagando 62,835 pesos dominicanos con 72 centavos de intereses y que pagándose a sí mismo la mensualidad por 18 meses hubiera tenido más dinero para disfrutar y en el Aeropuerto Internacional de Las Américas no le esperaría ese compromiso que representa el 30 % de sus ingresos. ¡Pero no tiene esa disciplina! Cree que la vida hay que vivirla, no se sabe de mañana.

Carla en cambio escuchó en su casa que su papá insistía mucho en algo llamado el interés compuesto. De hecho, su interés en la economía se lo inculcó su viejo en su casa. Por eso, con su ayuda, identificó un producto financiero de ahorro en Massachussetts que paga por sus aportes mensuales un 0.35 % mensual. “Pero qué poquito”, dice ella, pero su padre le pidió paciencia.

Aportando a su cuenta el equivalente en dólares a 5,000 pesos dominicanos, la niña de papá obtuvo, al cabo de 18 meses, 120,756 pesos dominicanos. Claro, esto es en teoría, porque la tasa de cambio DOP/US$ jugó a su favor en ese tiempo. Está demás decir que disfrutó mucho su primer viaje de turismo sola más allá de los Montes Urales.

¿Qué fuerza jugó a favor de uno y le costó al otro? Digamos, para facilitar el análisis, que ahorras 100 pesos al mes con un 1 % de interés mensual. Al final del mes tendrás 101 pesos. Estamos partiendo de que no te vas a comer los intereses, así que en el mes número dos el 1 % no se aplicará a 100, sino a 101, por lo que al final de ese segundo mes tendrás 202.01, la suma de los 1.01 que obtuviste con los intereses y los 100 que agregaste como tu ahorro programado. Esto sigue sumando.

Lo negativo es que cuando debes pasa lo mismo, los interese te caen arriba como una bola de nieve y por eso a Carla Leticia le enseñaron desde jovencita que no adquiera compromisos financieros a cambio de cosas que no pueda vender o no obtengan valor.

¿Viajar? Fantástico. Ver de primera mano culturas y formas de vivir ajenas a la tuya abre tu mente como pocos modelos de aprendizaje. Pero acuérdate de Carla Leticia.

Carlos Arturo Guisarre

@cguisarre

 

 

 

 

 

 

 

 

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