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Mientras asociemos el liderazgo con la masculinidad, las mujeres serán ignoradas

Lucy Nuñez15 marzo, 20194min504
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Hace seis años, escribí un artículo en el que sostenía que las mujeres no tienen representación en las filas del liderazgo no por su falta de disposición o su incapacidad para dirigir, sino porque no podemos eliminar a los hombres incompetentes. En ese artículo, que se ha convertido en uno de los materiales más leídos de HBR, argumentaba que en vez de reducir nuestras exigencias para las mujeres, tendríamos que exigir más de los hombres. Ese artículo puso el dedo en la llaga, y sigue haciéndolo.

En un mundo ideal, los líderes seguirían prácticas basadas en la ciencia y darían prioridad a la motivación de sus empleados y al compromiso con ellos, y les proporcionarían una sensación de sentido y propósito. En cambio, seguimos viendo que el desempeño promedio de los líderes y los gerentes es bastante desalentador.

Mientras sigamos relacionando el liderazgo con las características masculinas, se puede esperar que las mujeres seán evaluadas de manera más negativa incluso cuando su desempeño es mejor que el de sus contrapartes masculinas, e incluso cuando quienes las evalúan son mujeres. A pesar de que las diferencias generales de género en la eficacia del liderazgo normalmente son inexistentes, estudios metanalíticos demuestran que los hombres tienden a mostrar un mejor desempeño cuando se trata de tareas de administración, mientras que las mujeres por lo general tienen un mejor desempeño cuando se trata de tareas que involucran el manejo de las personas, las cuales incluyen trabajar con las actitudes, los valores y la motivación de la gente.

Sin embargo, pese a que las mujeres no muestran falta de motivación ni de habilidades que inhiban su capacidad de liderazgo, todavía tenemos mucho trabajo por hacer si queremos que una mayor proporción de mujeres talentosas llegue a puestos de liderazgo.

De hecho, pese a que entendemos que la importancia teórica del liderazgo es un motor del éxito organizacional, empresarial y social, aún vivimos en un mundo en el que no se evalúa de manera objetiva a la mayoría de los líderes, y en el que los debates relacionados con el desempeño de los líderes tienden a reducirse a una cuestión de preferencias, política o ideología. Imperan las evaluaciones subjetivas y las percepciones priman sobre la realidad.

Hasta que esto no se corrija, no tiene muchas ventajas mejorar nuestro proceso de selección de líderes. Incluso si empleamos un sistema basado en información que objetivamente seleccione a los líderes de acuerdo con su potencial real —prestando atención a la competitividad, la humildad y la integridad más que a la seguridad, el carisma y el narcisismo— no sería de gran ayuda si siguiéramos juzgando el desempeño de los mismos líderes mediante las opiniones personales subjetivas, prejuiciosas o sesgadas.

En resumen, demasiados puestos de liderazgo se otorgan a hombres incompetentes cuando hay mejores mujeres, al igual que hombres, que siguen siendo ignorados.

 Harvard

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