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Preparándose para el brexit… y alistándose para lo peor

Lucy Nuñez15 mayo, 20194min
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Al igual que el resto del Reino Unido, aunque en menor grado, las empresas británicas se encuentran divididas en sus opiniones relacionadas con permanecer en la Unión Europea.

Los grandes fabricantes exportadores, las empresas de servicios financieros y profesionales y quienes tienen que competir por la escasa mano de obra calificada o la mano de obra barata, en general, habrían preferido quedarse.

También lo habrían preferido las subsidiarias británicas de multinacionales a las cuales el Reino Unido les proporcionaba una base adecuada para sus operaciones en la Unión Europea.

Sin embargo, las empresas británicas pequeñas que se concentran en el mercado interno se topaban con mucha frecuencia con la agobiante burocracia de la Unión Europea y no lograban beneficiarse del libre tránsito de productos, servicios, personas y capital a través de las fronteras de los Estados miembros de la Unión Europea; por tanto, optaron por la salida en las votaciones iniciales del brexit.

Es importante recordar que había dos partes en las negociaciones del brexit: el acuerdo vinculante que cubría los términos restringidos de salida, y un documento no vinculante más amplio que presentaba las aspiraciones para los acuerdos comerciales futuros que aún tenían que negociarse.

Había un caleidoscopio de posibles brexits que buscaban alinear económicamente al Reino Unido con la Unión Europea al grado máximo imaginable sin una membresía política. No obstante, las opciones principales caían dentro de un rango con un brexit “duro” en un extremo y un brexit “suave” en el otro.

No hay mayoría ni en el Parlamento del Reino Unido ni entre el público votante para ninguno de estos modelos. El único resultado que cuenta con el apoyo de la mayoría es evitar un brexit sin acuerdos. Eso es también lo que el mundo empresarial ve como más desestabilizador ya que significaría regresar al comercio con las reglas de la Organización Mundial del Comercio, a acuerdos aduaneros y arancelarios desconocidos y a la máxima incertidumbre legal.

El grado de interrelación entre las empresas de servicios financieros de Londres y las economías de la Unión Europea es importante y complejo en su articulación normativa y legislativa. Es muy grande la brecha entre lo que la industria quería y lo que parece que será el resultado.

En especial, perderá lo que se conoce como “concesión de pasaportes”, la capacidad de las empresas financieras de trabajar en toda la Unión Europea o los fundamentos para ser reguladas en cualquiera de los Estados miembro de la Unión Europea. Todavía están por decidirse los marcos sustitutos propuestos para una equivalencia regulatoria.

Una historia similar de desgaste lento y de nuevas inversiones que se van a otro lado está manifestándose en la industria manufacturera.

Las multinacionales japonesas, incluyendo Nissan, que han construido plantas de fabricación en el Reino Unido como base de sus operaciones en la Unión Europea, han dicho que ya no se pueden garantizar nuevas inversiones constantes.

Harvard

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