Testigo de una profesión en constante evolución

Revista Mercado29 agosto, 20188min3234
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29 de agosto 2018, 3:20 PM.- Gustavo Moré, reconocido arquitecto y fundador de la revista AAA, conversa con Mercado sobre el presente y el futuro de esta disciplina en República Dominicana.  

Usted es uno de los arquitectos más reconocidos del país. ¿Cómo se siente hoy con su trayectoria?

Me siento sorprendido, por una parte, ya que jamás imaginé contar con una opinión así de mis contemporáneos durante mi desarrollo, si es que fuera verdad. Por otra parte satisfecho, pues he tenido la buena suerte de tener mala suerte: todo lo que he logrado ha sido a base de esfuerzo y mucho trabajo, tanto de mis familiares como mío; todo ha sido luchando constantemente, por superar incluso nuestras propias expectativas personales. 

Ser reconocido en los concursos de diseño que hemos ganado junto con nuestros colaboradores, muchos de ellos lamentablemente no construidos, ha sido una recompensa que aceptamos con el convencimiento de que triunfar es un compromiso y una responsabilidad, y de que mantenernos en el juego en estos tiempos tan inestables y cambiantes, requiere de una reflexión profunda sobre la verdadera esencia de las cosas; de una discriminación entre lo superfluo y lo relevante, que muchas veces es un peso intelectual muy grande, que muy poca gente asume.

¿Cuál fue su objetivo al crear Archivos de Arquitectura Antillana (AAA)?

Precisamente AAA viene a llenar, en lo personal, esa necesidad de reflexión sobre nosotros mismos; ha sido un vehículo de investigación, de servicio a la comunidad profesional, y de reconocimiento de aquello valioso frente a lo más común, que es la banalidad cotidiana de la ostentación y el fashion, intrascendente. AAA sustituye en el momento de su creación -1996- nuestra carrera académica, y concentra nuestra vocación de continuo conocimiento en el estudio profesional, trabajando junto a los colegas arquitectos, tanto dominicanos como del resto del Gran Caribe, en la construcción crítica de una arquitectura propia, consciente de nuestras propias raíces y llena de esperanzas. 

¿Cuáles son, a su entender, las obras más importantes construidas en el país en los últimos años?

Dentro del ámbito de la arquitectura, hay tres aspectos dignos de consideración:

– Los edificios habitacionales en altura y los centros comerciales, que han iniciado un inevitable proceso de densificación del centro urbano, a pesar de las carencias de infraestructuras del mismo. Dentro de este inventario, hay obras mejores que otras que deberán ser escogidas por cada persona.

– El mundo de la arquitectura para el ocio y el turismo, que inició en los años 70 con desarrollos como Casa de Campo, ha continuado exitosamente con Punta Cana y con todos los demás hoteles del norte y del este del país; hoy en día la vivienda vacacional, a pesar de que sigue modelos extremadamente limitados y poco imaginativos, en su mayoría, es un tema de diseño que demuestra gran vitalidad. 

– Las obras de infraestructura públicas, como el Metro y los túneles, sobre todo, frente a los elevados que son altamente nocivos para la calidad urbana. Hace falta mucho pensamiento e inversión en este sector -vialidad, sanidad, calidad ambiental, etc-, pero en verdad los avances han sido admirables en pocos años.

¿Se puede hablar de una arquitectura netamente dominicana? ¿Cuáles son sus características?

Lo de netamente es una adjetivación imposible hoy en día en el mundo. Ya nada es netamente nada… todos estamos interconectados, interdependientes, intercambiamos experiencias y participamos mal que bien de un mercado global que sería miope negar.

Sí existen determinadas características propias que se han mantenido a través del tiempo, transformándose paulatinamente en la medida en que cambian los modelos y patrones de dominación cultural. La raíz de una arquitectura vernácula sobrevive, muy precariamente, la vocación por abrir los espacios al exterior, el manejo de la luz y la sombra, la humedad de los rincones, en fin, vivencias a veces difíciles de explicar, constituyen un espíritu local, regional, si se quiere, que es intrínsecamente criollo, y que algunos arquitectos hemos logrado intuir, manejar y transformar a través de nuestros proyectos.

¿Hacia dónde va la arquitectura dominicana? 

Esta pregunta requiere una respuesta aparentemente contradictoria; por un lado la arquitectura formal, la que se tramita en Obras Públicas y es hecha por arquitectos de calidad, presenta hoy en día un dinamismo cualitativo nunca antes visto, que esperamos sea el resultado de la visión crítica de las academias, de las revistas y de los eventos de intercambio que profesionalmente ocurren; por otro lado la arquitectura, así con minúscula, esa que puebla y se desborda en los barrios y cañadas de las ciudades, parece arrabalizarlo todo, luce reproducirse a un ritmo vertiginoso imposible de detener. Hará falta un desarrollo económico y social integral del país, para reconciliar estas dos tendencias. 

¿Cuáles son las tendencias que más le apasionan en la actualidad?

No trabajo así. Cada proyecto es resultado de su propia realidad, su contexto, sus clientes, los recursos a la disposición de la obra, de la cultura que lo alojará. Lo de las tendencias es perjudicial, tan perjudicial como hablar de “estilos”. Hoy, somos constructores de sueños, con la posibilidad de crear, junto a otros hombres, un nuevo mundo, una nueva sociedad, sin olvidar los valores de la historia que nos trajo al día de hoy. 

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