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Leadership

¿Cómo Jill Biden ha redefinido el exigente trabajo de una primera dama?

25 junio 2021

A meses de haberse instalado en la Casa Blanca, Jill Biden ha conseguido redefinir el puesto, pero también  lo que se espera (y lo que no) de una ‘first lady’ de Estados Unidos. Son varias las mujeres icónicas que han ocupado semejante cargo, desde Eleanor Roosevelt y pasando por Jackie Kennedy, Hillary Clinton y Michelle Obama, la ahora Primera Dama tiene una cruzada por modernizar el papel que debe jugar la mujer de un presidente.

No tiene salario ni atribuciones específicas y, sin embargo, el puesto de la primera dama de los Estados Unidos desde hace mucho tiempo ha sido objeto de escrutinio público que, tradicionalmente, lo ha convertido en el papel más ingrato de la Casa Blanca. Sin embargo, Jill Biden antes de ser ‘first lady’ fue segunda dama durante ocho años y conoce a la perfección el terreno que pisa, está cambiando la percepción de lo que se espera de la mujer de un presidente. Y no de manera superficial, sino significativa y profunda.

Ninguna primera dama antes que ella había conservado un trabajo remunerado durante su estancia en la Casa Blanca. Biden es profesora universitaria en Northem Virginia Community College, donde imparte la asignatura de Literatura. ¿Quién no querría tener a Jill Biden como profesora? Durante sus ocho años como segunda dama, también compaginó su trabajo allí con sus obligaciones oficiales.

El mensaje que subyace a esta decisión de preservar su empleo es radical para el puesto que ocupa: Biden no quiere ser una extensión del presidente, sino una figura independiente, con su propio trabajo, su propio sueldo y su propia ambición profesional.

 

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Aunque le costó una pequeña tormenta mediática al inicio de la presidencia de su marido, ha insistido en que se refieran a ella como doctora Biden (en referencia al doctorado que logró en 2007) en lugar de Mrs. Biden, que simplemente denota su estado civil. Su identidad profesional es importante para ella y denota gran empoderamiento e independencia. En un e-mail dirigido a sus compañeros después de la toma de posesión de su marido, escribió: «Soy profesora de literatura en el Northem Virginia Community College. Y no haré ninguna otra mención en mis clases. Gracias por respetar mi identidad como profesora».

Por su parte, la moda es la última de sus preocupaciones. Eso no quiere decir que Biden no sea una mujer estilosa o elegante, sino que no quiere alimentar los comentarios sobre el contenido de su fondo de armario o sus aciertos o errores en la materia. Por eso, en marzo, su secretario de prensa Michael LaRosa, explicó que, como norma general, la oficina de la primera dama no hará comentarios sobre las prendas que Biden luce en sus apariciones públicas.

Hasta la fecha, Biden no ha pisado ningún charco ni protagonizado ninguna polémica destacable. Y quizá por eso, la prensa norteamericana no la encuentra particularmente interesante ni le dedica tanta atención como a predecesoras recientes como Melania Trump, Michelle Obama o Hillary Clinton. Habitualmente, las ‘first ladies’ de primer mandato suelen tomarse un tiempo para evaluar cuáles serán sus causas, pero Biden, que conoce Washington como la palma de su mano, se ha puesto directamente manos a la obra apoyando causas tan diversas como la educación, la investigación del cáncer, la campaña de vacunación o el apoyo a las familias de militares. Y ese tipo de noticias no suelen acaparar los titulares.

 

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Debido a las restricciones sanitarias, los eventos que tradicionalmente dependen de la oficina de la primera dama, como cenas oficiales o grandes recepciones en la Casa Blanca, han sido cancelados o pospuestos. Por eso, Biden todavía no ha tenido que ejercer de anfitriona, el papel más tradicional de las primeras damas. Pero quizá cuando tenga que hacerlo, encuentre la manera de redefinirlo. Si alguien puede, es ella.

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