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De pintura de autos a decoración de pies

11 mayo 2021

El esmalte de uñas, un democratizador social en el siglo XX.

Mujeres y hombres, a lo largo de la historia, siempre han sentido la necesidad de alimentar su vanidad. Las uñas no iban a ser menos. No está claro quiénes fueron los primeros en traer el esmalte de uñas al mundo: los historiadores se mueven entre Egipto y China unos 3.000 años A.C. Antes de ellos no se han encontrado pruebas fehacientes de que se decorasen las uñas de alguna manera u otra, pero tampoco se descarta tal posibilidad.

En cualquier caso, las primeras versiones del actual pintauñas se fabricaba a base a pigmentos naturales. Algunos fabricados con henna y otros con otros productos naturales, los primeros en usar esta opción estética pertenecían a las mejores clases sociales, independientemente de que fuesen hombres o mujeres. Normalmente vinculados a la realeza esto se explicaba precisamente por los colores: en tonos anaranjados, rojizos o negros, estas opciones estaban limitadas por norma solo a las clases más altas.

Nefertiti con sus uñas rubí o Cleopatra en rojo oscuro fueron de las primeras en rendirse a la moda nail. Bajo el cuño de la dinastía Ming en China un enfoque más eficiente de la manicura. La permanencia y durabilidad eran objetivos para los esteticistas de la época. Añadieron derivados de la cera de abejas, huevo o gelatina para hacer que los tintes permaneciesen más tiempo «vivos». Más tarde, aproximadamente en el 600 a.C, llegaron los esmaltes fabricados con oro y plata, sinónimo de poder durante el Gobierno de la Dinastía Chou.

Como muchas otras costumbres acuñadas en el mundo egipcio, la de pintarse las uñas pronto pasó a la antigua Europa de la mano de Grecia y Roma. Indistintamente del sexo del que se estuviese hablando, el esmalte siguió siendo para estas dos culturas un sinónimo de estatus social. La estética dejó de ser un hecho esencial durante los complicados años de la Edad Media. Una clara imposición religiosa y política que, muy probablemente, dejaron a la estética como última necesidad explican las razones de por qué no se han encontrado demasiadas evidencias del uso de esmaltes. Los historiadores se ponen de acuerdo en el hecho de que la gran cantidad de enfermedades que se sucedieron esos años fueron determinantes.

Sin pigmentos y lo más cortas posibles para mantener el máximo de higiene posible y evitar la peste. Hubo que esperar al siglo XX para retornar a la cultura de la moda una costumbre ya por entonces milenaria. Se abandonaron los pigmentos naturales y se optó por la pintura para coches. Literalmente. Basados en la misma fórmula que se empleaba para los vehículos, en una versión menos

consistente, en 1920 se crearon los primeros esmaltes sintéticos. Rojo, rosa o coral fueron los colores elegidos. Pero el mayor cambio no llegó con su fabricación, sino con su objetivo. En el siglo XX ya no había un enfoque masculino del esmalte y, ni mucho menos, una referencia al estatus social. Su publicación en revistas femeninas supuso la concepción del esmalte de uñas como otro mecanismo de democratización de la belleza.

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